Una Nota Publicada En El Periodico El Correo.
Que La Disfruten!!!
*Cuaderno del cronista
Eliazar Velázquez Benavides
San Miguel de Allende: relato de un abuso de autoridad…
Lunes, 25 de Agosto de 2008
¿Patrimonio cultural o patrimonio comercial de la barbarie?
Aviso muy importante: Cuando acuda a la plaza comercial "La Luciérnaga" en San Miguel de Allende, localizada en la salida a Querétaro, cuide ir peinado, con zapatos boleados, no meterse el dedo en la nariz, aparentar que vota por "la derecha", de otro modo se expone a que los guardias del lugar lo agarren de "puerquito" para desquitar su amargura por su condición de explotados fieles al patrón y le agiten el tolete amenazante y, quizás hasta lo expulsen del reino del fast food (¡ay, cuánto dolor!). Tampoco olvide que posiblemente está siendo filmado de principio a fin, así que ni se le ocurra acariciar la cadera de su pareja porque no faltará algún enfermizo guardia que esté mirando. Aunque claro, si usted es gringo puede hacer lo que le venga en gana, incluyendo tirarse como lagartija jubilada y ociosa en pleno centro de la ciudad o robarse los cactus de la Sierra Gorda y, luego dar un donativo al Charco del Ingenio o comprarles una membresía para curarse en salud.
A las 4:30 pm del 6 de agosto, un hombre mayor, su esposa y dos hijos se encontraban en la plaza "La Luciérnaga", principal centro comercial de San Miguel de Allende, luego de consumir alimentos en uno de los negocios de comida rápida, a las 5:15 el hombre mayor se fue a "bobear" y regresó con dos bolsas de compras diciendo que a unos cuantos metros una tienda ofrecía descuentos, por lo que esposa e hijos se encaminaron hacia ese sitio. A esa hora de la tarde había poca gente y la mayoría de las bancas estaban desocupadas. Mientras esperaba a sus familiares colocó a sus pies las dos bolsas, una chamarra y, momentáneamente, se recostó de espaldas. Casi enseguida su hijo de 20 años llegó a sentarse junto a él, pues la mamá se había quedado solicitando una factura, sólo habían pasado algunos segundos cuando un elemento de seguridad de la plaza se acercó y le dijo en un tono que trató de ser amable pero imperativo:
- ¡Lo molesto con la postura!
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Sorprendido, el hombre mayor contestó:
-¿Qué?, ¡¡ah chingado!! ¿y quién eres tú para decirme qué postura está bien o está mal?.
-Estamos cuidando la "buena imagen de la plaza"-contestó el guardia-.
-¿Qué cosa es la buena imagen para usted?, porque a lo mejor no es lo mismo para mí, supongo que esto es un espacio público.
Después de este primer intercambio de palabras el guardia se retiró y el hombre siguió recostado en la banca, porque además padece dolores en la columna. Sólo pasaron unos minutos cuando el primer policía ya venía de regreso acompañándose con otro que agitaba un tolete en actitud amenazante. Repitieron los mismos argumentos sólo añadiendo que el reglamento de la plaza establece preservar "una buena imagen". Ante eso el hombre mayor contestó: "esos reglamentos violentan nuestros derechos como ciudadanos de este país, derechos esta-blecidos en la Constitución. Están violentando nuestro derecho de tránsito y nuestra libertad individual".
Casi de inmediato se sumó a la escena, quien por sus actitudes parecía la jefa de seguridad. Llegó con cara de "aquí se va a hacer lo que yo digo", y amenazándolos con llamar a Seguridad Pública. Ante lo absurdo de la situación y también airadamente, papá e hijo contestaron que lo hiciera pues al fin y al cabo no estaban cometiendo ningún delito. Molesta, la mujer policía exigió que no le gritaran, lo mismo pidie-ron ellos. Alterados, siguieron intercambiando decires, los vigilantes aferrándose a que lo único que hacían era cumplir con el reglamento pero sin responder satisfactoriamente a la exigencia de que lo mostraran, que dijeran dónde se puede leer y cuál es su sustento jurídico:
-¡Esta es una plaza pública -les insistió el hombre mayor-
- Sí, pero quien ingresa a ella lo hace "bajo ciertas restricciones".
-¿Y cuáles son esas restricciones, quién las estableció y porqué?
Sosteniendo unos y otros sus dichos, en algún momento la mujer los acusó de ignorantes, a lo que recibió como repuesta: "la ignorante es usted porque no conoce la Constitución y lo que son las garantías individuales"
Cerradas las vías para discutir el punto, dijo:
- Lo que quiero saber es si me apoyan o no"
- ¿En qué quiere que la apoyemos?, sólo estamos defendiendo nuestro derecho de estar aquí. Su concepción de "buena imagen" violenta nuestros derechos.
Al entrar la discusión a un callejón sin salida, la que parecía la jefa exigió al papá y al hijo salirse inmediatamente de la plaza, ellos, aún más molestos, se negaron. "Con éstos no se puede, vamos a llamar a Seguridad Pública" -dijo a sus compañeros-. Enseguida en su walkie talkie mencionó algo como: "aquí 45". El hombre mayor y su hijo no se amedrentaron: "pues llame al 50, al 75 o a quien quiera y si nos llevan que nos lleven, ya veremos frente a quién seguimos defendiendo lo que pensamos". Mientras esto sucedía un guardia no paraba de tomar fotografías exacerbando más los ánimos con esa actitud inquisidora y ofensiva, pues nadie, mucho menos un empleado de un cuerpo privado de Seguridad tiene derecho a asediar de ese modo a las personas en un espacio público. Sólo que quiera correr el riesgo de ser denunciado penalmente.
En ese momento, inquieta porque no llegaban al automóvil, otra de las hijas regresó al lugar y al ver la situación preguntó qué estaba pasando, su hermano le comentó que los querían correr por dar una supuesta "mala imagen", a lo que ella respondió también indignada: entonces, ¿ésta es la ciudad patrimonio de la humanidad?
Confundida, la mujer pensó que se mofaban de ella, pero le aclararon que lo que les provocaba risa es que mientras las autoridades se jactan de que San Miguel es una ciudad declarada "Pa-trimonio Cultural de la Humanidad" ni siquiera son capaces de respetar los derechos de las personas.
Mientras esperaban a las fuerzas de Seguridad ("pues por supuesto que no íbamos a correr" -relatan-) la mujer que encabezaba el grupo, les espetó: se ve que no son de aquí, ¿verdad? A lo que contestaron: sí, somos guanajuatenses. Pues ni parecen -agregó muy enojada- y se alejó con sus otros dos compañeros.
En ese lapso regresó la esposa y la familia decidió encaminarse al estacionamiento. Iban saliendo cuando observaron que llegó una patrulla. Con la indignación todavía encima, el papá se plantó frente a ellos: "¡Pues aquí estamos para que nos lleven!"
Ante la presencia de los elementos de Seguridad Pública los argumentos volvieron a aflorar y la discusión nuevamente subió de tono. Uno de los policías municipales, dijo:
- Mire mi "jefe" para que las cosas no crezcan mejor que así quede ya.
- "A mí no me diga ‘jefe’ ¡no sea usted lacayo! -le corrigió el hombre-.
Finalmente el oficial insistió en que "ahí quedara todo para que no creciera el problema". Pero antes de subir a su patrulla, en labios de quien según los guardias privados afectó "la buena imagen" del centro comercial, el policía pudo escuchar: "¡por lo que deberían preocuparse es por la drogadicción y por los secuestros!".
Todavía poco antes de dejar esa plaza, la familia observó cómo una cámara les seguía los pasos. Por lo que muy posiblemente desde que el hombre mayor se recostó unos instantes en la banca los estuvieron monitoreando y fue así "como pasando por casualidad" llegó el primer guardia a aplicar su autoritario manual de las "buenas costumbres"...
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